
Entre dispuesta como cada día a viajar de ida 45 minutos, buscando excusas o formas para ocupar mi mente mientras estoy en el metro y la gente juega a no verse. Pero a penas se abrieron las puertas automáticas, imagine que algo iba a andar mal: frente a ella se disponia un largo asiento, ocupado prácticamente en su totalidad por un indigente que dormia plácidamente. Casi como un flash, imagine que le podía pasar algo; pensé que tal vez lo podia tocar -fue solo un chispazo- inmediatamente tome mi postura de metro y busque un asiento... pero a sus pies. Cerca.
Pasaba cada estación y se iba llenando, era solamente esperar quien lo despertara, quien y como lo iba a ser, la tensión en el ambiente, las miradas de asco, los gestos despectivos, la ceja, la mueca en la boca, todos en espera de quien iba a apretar el gatillo, pero nadie, nadie se atrevia.
Y se abrieron las puertas, y entro con una movilidad diferente, lento y fuerte, mirándolo todo, intenso, con la cabeza un poco hacia abajo dejando los ojos por delante, desafiante y cuando lo vio recostado, avanzo con su casaca llamativa con pelos negros largos, tipo pantera, con sus cejas cortadas y su tatuaje en el cuello y una lágrima bajo el ojo, y fue directo, y arrugo su cara, y me di cuenta que eran del mismo color, uno un poquito más claro que el otro, uno indigente y el otro creyendo ser el dueño del mundo y comenzaron a sonar los golpes y correr la saliva...
uno...
otro...
y otro y el último golpe más fuerte directo a las piernas
con uno gritándole que se queria sentar
y con el otro diciendo que todos se querian sentar
y con el último alcanzo a decir: sale viejo de mierda estas hediondo y quiero sentarme
y su casaca llamativa parecio encarnarse, los brazos se le vieron más grandes y se movian hacia arriba con cada golpe, pareciendo hasta un pájaro rapiña a punto de sacar las garras, pense que tuvo un mal día, pensé que tal vez le pegaron mucho cuando niño, pensé que quizás no tiene un amor que le haga cariño en la cabeza, pensaba buscando tratando de entender, pero el mendigo despertó lentamente, no despertó al primer golpe ni al segundo, despertó en su tiempo y en su ley, solo lo miró a los ojos un segundo y se sentó... no respondió, no miró si quiera a su alrededor, no dijo nada... buscó en su bolsa, sacó papeles sucios y vacíos y entre ellos una lata de bebida, se la tomó hablando en voz baja para sí mismo o para un otro que nadie podía ver.
...ese silencio alrededor...
y el mendigo disfrutaba su bebida... nadie decia nada, pero se sintieron todos los latidos acelerados de esas bocas que no dijieron nada, que no defendieron nada, esos latidos miedosos de todos nosotros en el bagón que se aceleraron por esos cuatro golpes...
y sólo ví un gesto de una cabeza moviéndose de derecha a izquierda dos veces frente a mí solo una cabeza... mi corazón latía rápido porque la pantera se sentó al lado de nosotros, mi corazón se aceleraba imaginando cómo debe ser llevar ese cuero en el lomo, todo lo que debe hacer para poder creerse la verdadera pantera en la jungla.
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